miércoles, 16 de octubre de 2013

5to-La soga

Les adjunto el cuento de Silvina Ocampo


La Soga, de Silvina Ocampo

 

 

A Antoñito López le gustaban los juegos peligrosos: subir por la escalera de mano del tanque de agua, tirarse por el tragaluz del techo de la casa, encender papeles en la chimenea. Estos juegos lo entretuvieron hasta que descubrió la soga, la soga vieja que servía otrora para atar los baúles, para subir los baldes del fondo del aljibe y, en definitiva, para cualquier cosa; sí, los juegos lo entretuvieron hasta que la soga cayó en sus manos. Todo un año, de su vida de siete años, Antoñito había esperado que le dieran la soga; ahora podía hacer con ella lo que quisiera. Primeramente hizo una hamaca colgada de un árbol, después un arnés para el caballo, después una liana para bajar de los árboles, después un salvavidas, después una horca para los reos, después un pasamanos, finalmente una serpiente. Tirándola con fuerza hacia delante, la soga se retorcía y se volvía con la cabeza hacia atrás, con ímpetu, como dispuesta a morder. A veces subía detrás de Toñito las escaleras, trepaba a los árboles, se acurrucaba en los bancos. Toñito siempre tenía cuidado de evitar que la soga lo tocara; era parte del juego. Yo lo vi llamar a la soga, como quien llama a un perro, y la soga se le acercaba, a regañadientes, al principio, luego, poco a poco, obedientemente. Con tanta maestría Antoñito lanzaba la soga y le daba aquel movimiento de serpiente maligna y retorcida que los dos hubieran podido trabajar en un circo. Nadie le decía: “Toñito, no juegues con la soga.”
La soga parecía tranquila cuando dormía sobre la mesa o en el suelo. Nadie la hubiera creído capaz de ahorcar a nadie. Con el tiempo se volvió más flexible y oscura, casi verde y, por último, un poco viscosa y desagradable, en mi opinión. El gato no se le acercaba y a veces, por las mañanas, entre sus nudos, se demoraban sapos extasiados. Habitualmente, Toñito la acariciaba antes de echarla al aire, como los discóbolos o lanzadores de jabalinas, ya no necesitaba prestar atención a sus movimientos: sola, se hubiera dicho, la soga saltaba de sus manos para lanzarse hacia delante, para retorcerse mejor.
Si alguien le pedía:
—Toñito, préstame la soga.
El muchacho invariablemente contestaba:
—No.
A la soga ya le había salido una lengüita, en el sito de la cabeza, que era algo aplastada, con barba; su cola, deshilachada, parecía de dragón.
Toñito quiso ahorcar un gato con la soga. La soga se rehusó. Era buena.
¿Una soga, de qué se alimenta? ¡Hay tantas en el mundo! En los barcos, en las casas, en las tiendas, en los museos, en todas partes... Toñito decidió que era herbívora; le dio pasto y le dio agua.
La bautizó con el nombre Prímula. Cuando lanzaba la soga, a cada movimiento, decía: “Prímula, vamos Prímula.” Y Prímula obedecía.
Toñito tomó la costumbre de dormir con Prímula en la cama, con la precaución de colocarle la cabecita sobre la almohada y la cola bien abajo, entre las cobijas.
Una tarde de diciembre, el sol, como una bola de fuego, brillaba en el horizonte, de modo que todo el mundo lo miraba comparándolo con la luna, hasta el mismo Toñito, cuando lanzaba la soga. Aquella vez la soga volvió hacia atrás con la energía de siempre y Toñito no retrocedió. La cabeza de Prímula le golpeó el pecho y le clavó la lengua a través de la blusa.
Así murió Toñito. Yo le vi, tendido, con los ojos abiertos.
La soga, con el flequillo despeinado, enroscada junto a él, lo velaba.

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuentos policiales-2do5ta

Acá va otro de los cuentos de los alumnos de 2do 5ta de la EESN°7. En este caso es la primera entrega que tiene como protagonista al detective Makalister, personaje creado por los alumnos Daniel Torrilla y Demian Prado. Próximamente subo otro de la saga del detective.


EL MISTERIOSO CASO DE MARY SUATSON

 

Un día como cualquiera, mi ayudante Richard me trajo una carta que dejaron en su puerta por accidente. Dijo que era muy importante. Entonces, la leí: “Querido inspector Makalister: le entrego esta carta para informarle que necesito su ayuda. Tengo miedo. Siento que veo ojos por todas partes. Alguien me está siguiendo. Por favor, ayúdeme. Mi nombre es Mary Suatson. Vivo en Buenos Aires, en el barrio de Once, Arsellomiola 32.”

Después de leerla, partí hacia Buenos Aires. Busqué la dirección. Recorrí todo el barrio y no encontré nada. Esa dirección no existía. Miré la carta, sospeché que algo andaba mal y me di cuenta de que faltaba un número. Era un 9. Partí hacia la dirección correcta, golpee la puerta y nadie atendió. La puerta estaba semi abierta. Entré y no encontré a nadie, sólo unpedazo de papel que habría escrito el supuesto personaje que había secuestrado a Mary. Dejó escrito en el papel: “No la busques, no intentes nada, o la mataré”.

Investigué la casa y debajo de la cama, encontré una foto de Mary. Observé la foto y encontré que detrás de ella (de Mary), había un departamento. Un departamento del edificio “Harrison”. Fui al lugar. Le pregunté al dueño si había visto algo sospechoso en esos últimos días. Me contestó:-vi, ayer, a uno de mis huéspedes corriendo, muy alterado, hacia su habitación.

Subí al segundo piso y me detuve en el departamento que me había dicho el dueño, el 22. Forcé la cerradura y, al entrar, no encontré a nadie. De pronto, unos señores aparecieron por detrás y empezamos a pelear. Logré vencerlos y me dirigí a la administración. Tomé al dueño y le pregunté: ¿dónde está Mary?.Como él no me contestaba, lo amenacé con el revólver y empezó a hablar. Me dijo que la que tenía a Mary era una chica, y que estaba escondida en un garaje que había alquilado.- “yo sólo ayudé, porque me dijo que nos iríamos de viaje juntos.”

Después de escuchar la información, lo golpeé dejándolo inconsciente. En el escritorio, mi ayudante Richard, encontró unos papeles del alquiler. Estaba escondida en la avenida 25 de Mayo, detrás del hotel “Los Reyes”.

Cuando llegamos al lugar, entramos al garaje sigilosamente y encontramos, atada, a Mary.

De repente, apareció  la secuestradora. Mi compañero y yo, sacamos nuestros revólveres y le apuntamos. Pero ella, también, sacó su revólver, apuntando a Mary. Mary empezó a gritar y la secuestradora empezó a decirnos que no nos acercáramos o la mataría y que tiráramos las armas. Yo dejé mi arma en el piso, pero Richard amagó y, desesperadamente, le disparó a la secuestradora en el pulmón, dejándola con pérdida de sangre.

Pensábamos que todo había terminado pero de atrás de Mary salió un hombre enmascarado que se la llevó. Lo perseguimos sin éxito. Después de una hora llegó la policía.

Yo me fui a mi casa a descansar y a meditar la situación.

Después de dos meses, dejé el caso y Richard se fue a vivir a Córdoba.

Yo, no di por concluido el caso. Investigué y descubrí que la secuestradora era Susan, la ex amiga de Mary. La habría secuestrado porque Mary le había robado el novio, en la facultad. Susan tomaba pastillas para controlarse: sufría de esquizofrenia.

Luego de averiguar esto me quedé insatisfecho. Aún no puedo dormir en las noches y tomo cada día como un misterio sin resolver y cada noche como una oportunidad de encontrar a Mary.

El 2 de septiembre de 2004. Mary apareció muerta, a orillas del río. Susan Taylor, después de recuperarse de un disparo en el pulmón, fue condenada a cadena perpetua por homicidio.

Le doy mis condolencias a la familia Suatson.