ROBERTO
ARLT
Entre 1880 y 1910
Buenos Aires recibió una importante cantidad de inmigrantes oriundos de Europa
que llegaban al país alentados por las políticas migratorias vigentes que
prometían integración, desarrollo y bienestar.
Entre los extranjeros
que arribaron al país, se encontraba el matrimonio de Karl Arlt, alemán, y
Ekatherine Iobstraibitzer nacida en
Trieste (actual territorio italiano, en cercanías de Austria). Permanecieron en
Buenos Aires y se alojaron en una vivienda precaria en el porteño barrio de
Flores .Al tiempo nació su primera hija, quien murió a los seis meses. El
segundo hijo del matrimonio Arlt nació el 2 de abril de 1900: se llamó Roberto
Godofredo Christophersen y, desde temprano, su vida estuvo signada por
necesidades económicas y privaciones de todo tipo, La relación con sus padres
nunca fue buena.
Condicionado social y
culturalmente, Arlt fue desde aquel entonces un outsider. Esta palabra refiere a quien está fuera de lo
establecido o es considerado un extraño. Arlt no logró terminar la escuela
primaria porque tuvo que comenzar a trabajar desde pequeño; por lo tanto su
educación se basó más en la naturaleza autodidacta que en las aulas. Desde
temprana edad, manifestó una inquietud literaria y alternó sus primeros
intentos como escritor con los más diversos oficios. Además, se interesó por
obras de ciencias ocultas y astrología.
Durante su juventud,
Arlt trabajó como periodista. En 1927 era cronista policial en el diario
Crítica y un año después pasó a ser redactor de El Mundo. Allí aparecieron
algunos de sus cuentos y una columna de crónicas cuyo título fue Aguafuertes porteñas.
Mientras el periodismo
se convertía en su medio de subsistencia, sus ansias por ser inventor lo
llevaron a conformar una sociedad: ARNA (así llamada por el apellido de sus
mentores : Arlt y Naccaratti).
Arlt nació con el siglo y vivió hasta los 42
años. Su legado es extenso y valioso. Escribió cuatro novelas: El juguete rabioso (1926), Los siete locos
(1929), Los Lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932).
ANTAGONISMOS
LITERARIOS
Por falta de
preparación académica, Arlt tuvo que soportar el desprecio y la marginación de
los escritores de la época, que sostenían que el idioma de los inmigrantes no
debía ingresar y “contaminar” la cultura argentina. Algunos autores como Jorge
Luis Borges o Victoria Ocampo rechazaban el lenguaje coloquial y plagado de
mixturas utilizado por los inmigrantes y rescatados por ciertos escritores que,
incluido Arlt, propiciaban el uso popular de la lengua, más allá de todo
estilo, gramática o erudición.
EL
LUNFARDO
Según el Diccionario de
la Real Academia Española, el lunfardo
es el “habla que originariamente empleaba, en la ciudad de Buenos Aires y sus
alrededores, la gente de clase baja.”
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